LAS HABILIDADES TÉCNICAS
TÉCNICA Y CONSTITUCIÓN FÍSICA
Para la elección de una especialización deportiva, para el establecimiento de las vías de preparación ulterior y para la evaluación de los resultados de la preparación realizada, hay que determinar el nivel de preparación física de los deportistas y su desarrollo físico (constitución corporal y estado del aparato locomotor).
Las particularidades de la constitución física en el deporte (dimensiones del cuerpo y sus partes, sus correlaciones, forma y masa) influyen considerablemente sobre los resultados. De ellas dependen una serie de particularidades de la técnica, que son las más convenientes para los deportistas de una u otra constitución física.
LA MOTIVACIÓN PARA LA MEJORA
La mejora permanente de las habilidades técnicas está relacionada con el deseo, con la motivación. La motivación es aquello que nos impulsa a elegir en un determinado campo unos comportamientos o situaciones por encima de otros. Por otra parte dependen de nuestro potencial (las elecciones que hacemos están vinculadas con ciertas características propias) y en parte por el razonamiento recibido.
El estudio de la motivación es, y ha sido por muy diversos motivos, un aspecto básico y fundamental en la investigación desarrollada desde la psicología aplicada al deporte. Esto ha sido así, dado que cuando se logra el interés y la atención del grupo con el que se trabaja pueden establecerse las condiciones óptimas para la consecución de los objetivos propuestos existiendo la posibilidad de diseñar programas deportivos que cubran las necesidades de los atletas, tanto en su vertiente deportiva como en su desarrollo personal.
Debemos hablar de “motivaciones intrínsecas” cuando somos nosotros los que decidimos lo que queremos hacer y de “motivaciones extrínsecas” cuando los objetivos nos han sido “impuestos” o “presentados” desde fuera. Naturalmente esta es una división teórica ya que si profundizamos en el tema observaremos que nuestras elecciones están influenciadas por nuestra educación y los antecedentes culturales y sociales en los que hemos vivido.
La motivación intrínseca o interna es definida como el hecho de practicar una actividad por ella misma o por el placer generado en su práctica (Vallerand y Halliwell, 1983). Se han distinguido tres tipos de motivación intrínseca relacionadas con el conocimiento, el cumplimiento y la estimulación.
Por su parte, la motivación extrínseca o externa se basa en tres conceptos principales: recompensa, castigo e incentivo. Se han distinguido cuatro tipos de motivación extrínseca: autodeterminación, regulación externa, la introyección (proceso inconsciente que consiste en la internalización de patrones de conductas externas) y la identificación (Deci y Ryan, 1985)
Ha de tenerse en cuenta que en el deporte se derivan ventajas considerables cuando se tienen motivaciones intrínsecas, principalmente en lo que se refiere a la perseverancia por alcanzar una meta.
La meta se puede definir como el objetivo a alcanzar situada en un nivel más elevado del que ya hemos alcanzado, y la perseverancia como los esfuerzos persistentes mediante los que perseguimos la meta. Si el deportista está intrínsecamente motivado, es decir, si elige él mismo sus propios objetivos, si se encuentra involucrado en la consecución de sus metas, la búsqueda de una meta se convierte en natural y no agota ni aburre al individuo.
Si por el contrario la meta es de tipo extrínseco, es decir la motivación externa a la perseverancia es menor, o se lleva a cabo en un cierto stress, y por esta razón el problema al que se enfrenta es el de crear una situación de motivación intrínseca, el entrenador no puede adoptar una actitud directa sino que tiene que jugar, no tanto con el deportista como con la situación, es decir, debe hacerla atractiva como para que sea objeto de interés para los jugadores.
Sabemos que las dimensiones referidas, en sus distintas sub-dimensiones, podrán mostrar un efecto diferencial a la hora de favorecer un comportamiento de aproximación e implicación en el deporte. Así, los jóvenes se acercan al deporte más por motivos intrínsecos que extrínsecos (Ryckman y Hamel, 1993; Villamarín, Mauri y Sanz, 1998; Torres, Carrasco y Medina, 2000); mientras que con el aumento en el nivel de competición se invierte esta influencia (González, Tabernero y Márquez, 2000)