Entre Canasta y Canasta

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El Aprendizaje

 

 

Los actos reflejos y los instintos

Los actos reflejos innatos, llamados incondicionados, son conductas simples y muy limitadas a la supervivencia. Algunos ejemplos de actos incondicionados son: salivar ante ciertas sustancias, mover la pierna si damos un golpe en un lugar determinado de la rodilla, cerrar los ojos ante un foco de luz muy fuerte, asustarse ante un ruido inesperado, etc.

Los instintos son mecanismos de conducta más complejos que los actos reflejos. Están organizados jerárquicamente en un complicado mecanismo nervioso y son respuestas complejas a determinado estímulos. Los instintos también son innatos y disponen de unos centros nerviosos que los “organizan”.  Un instinto no es una simple acumulación de actos reflejos sino un proceso mucho más complicado, en el que intervienen muchos factores.

Los instintos y los reflejos tienen graves inconvenientes: son poco flexibles ante las múltiples situaciones que se nos presentan y son inmediatos, es decir, no ofrecen la posibilidad de “prevenir”.

 

El aprendizaje.

El hombre posee un mecanismo magnífico para adaptarse a las nuevas situaciones ambientales sin estar limitado a los instintos y los actos reflejos: el aprendizaje.

Los condicionantes del aprendizaje se presentan de formas diversas. Los básicos son:

  • El condicionante clásico.
  • El condicionante operante.

El condicionamiento clásico es el primer estadio de la conducta, el mecanismo más sencillo de aprendizaje. Se basa en el tipo de estímulo. El neurólogo Pavlov revolucionó el estudio de la psicología relacionándola con la fisiología, con investigaciones sobre los actos reflejos de la salivación en la comida. Pavlov observó que los perros salivaban cuando oían los pasos de quien les llevaba la comida, aunque no le vieran. A partir de este hecho elaboró la teoría del condicionamiento clásico.

Para adquirir un condicionamiento necesitamos estímulos incondicionados. Normalmente, los psicólogos trabajan con el acto reflejo de la alimentación, o bien con un estímulo negativo, el dolor. Esta estructura, la asociación de estímulos, es el fundamento del aprendizaje.

La teoría del condicionamiento operante elaborada por Thorndike y Skinner se basa en que para conseguir una respuesta se ha de hacer alguna cosa, es decir se ha de “operar” con el medio. El objetivo es el placer, el premio, es decir un refuerzo positivo.

Edward L. Thorndike enunció la ley del efecto. Decía que una conducta que obtiene un resultado satisfactorio tiene muchas posibilidades de repetirse en situaciones similares. El resultado de sus estudios fue la elaboración de la teoría del aprendizaje por ensayo y error. Según esta teoría, el proceso de aprendizaje se puede reducir a varias leyes: la ley de la disposición, que establece la preparación de las conducciones neurológicas en la conexión estímulo-respuesta; la ley del ejercicio, o del uso y desuso, en la que la conexión estímulo-respuesta se refuerza con la práctica o a la inversa; y la ley del efecto, la más importante de ellas, que describe cómo en el proceso de ensayo y error, si se produce una respuesta seguida por una satisfacción, la conexión se hace más fuerte y conduce a su aprendizaje, y al contrario, si hay un displacer o refuerzo negativo, la conexión estímulo-respuesta se debilita y acaba desapareciendo.

El perfeccionamiento posterior de esta ley llevó al principio del reforzamiento formulado por B. F. Skinner. Introdujo los conceptos de la motivación, como refuerzo positivo a la respuesta correcta, y la transferencia o introducción de elementos similares a los ya resueltos en los nuevos ejercicios para facilitar la tarea de aprendizaje; estas nociones resultaron fundamentales en el desarrollo de la Psicopedagogía y están en la base de las técnicas usadas por dicha disciplina.

 

El aprendizaje técnico-táctico individual.

El aprendizaje técnico del jugador se basa en su aptitud motriz y consiste en adaptarla a las exigencias que plantea el juego. Los fundamentos técnicos constituyen un conjunto de mecanismos cuyo dominio mejora el rendimiento deportivo del jugador al permitirle resolver con éxito las situaciones a las que se va a enfrentar.

En el proceso de aprendizaje el jugador debe seguir los siguientes pasos:

  • Ver y comprender el gesto técnico.
  • Ensayar su ejecución.
  • Repetir, aumentando progresivamente la velocidad de ejecución.
  • Aplicar el gesto en condiciones espacio-temporales similares a las de la competición.
  • Automatizarlo; convertir el mecanismo de respuesta automática ante la percepción de determinadas situaciones de juego.

Los fundamentos técnicos constituyen la base que permite al jugador manifestar su comportamiento táctico individual. El baloncesto es un deporte colectivo que se basa en la cooperación entre los jugadores de un equipo para superar la oposición planteada por el equipo contrario. Dentro de un espacio y un tiempo determinados se  produce una interacción constante entre la conducta del jugador, la de los compañeros y la de los adversarios.

Durante el juego se plantean unos conceptos tácticos fundamentales y característicos del baloncesto que el jugador debe percibir, comprender su intención y, en consecuencia, decidir la acción más conveniente para lograr la anticipación al contrario o el apoyo del compañero.

Supuestas la capacidad físico-motriz y la capacidad técnica, la táctica individual es un aspecto determinante del juego que pone de manifiesto la aptitud del jugador:

  • Su capacidad intelectiva (percepción, atención, comprensión)
  • Su capacidad volitiva (motivación, concentración, decisión)

 

Los refuerzos.

Un refuerzo es un estímulo que provoca el que una conducta se repita en el futuro. En este sentido, el refuerzo es un estímulo positivo porque provoca que se repita la conducta. También puede existir el refuerzo negativo que tiene como consecuencia la desaparición de la conducta. Así pues, en función del refuerzo se podrá modificar la conducta.

El funcionamiento del refuerzo es un tanto complejo. Básicamente es una relación estímulo-respuesta como en el condicionamiento clásico, pero la relación entre estímulo-respuesta no es automática sino solo probable.

Cuanto más refuerzo, más posibilidades de respuesta. En función de los refuerzos la posibilidad de una conducta será mayor. El estímulo inicial que genera la conducta se llama estímulo discriminatorio y es la clave de muchas conductas. La conducta es una cadena entre:

  • Estímulo discriminatorio.
  • Respuesta.
  • Refuerzo posterior.

A continuación analizamos diversos tipos de condicionamiento operante.

El condicionamiento de recompensa. Es el mecanismo más común: un refuerzo, un premio. Esta estructura responde directamente al planteamiento teórico de Skinner.

El condicionamiento de recompensa genera una consecuencia peligrosa: la frustración cuando no se recibe la recompensa.

El condicionamiento de castigo. El condicionamiento de castigo es un refuerzo negativo que tiene como finalidad disminuir la frecuencia de una conducta determinada. El condicionamiento negativo, el castigo, es muy complejo. Un castigo se limita a evitar una conducta en una persona sin darle otras conductas alternativas. Este esquema de conducta origina un conflicto, una frustración.

Por eso se han de tener en cuenta los siguientes puntos: el castigo ha de ser proporcional a lo que se castiga; si es demasiado fuerte puede producir respuestas irreversibles, y si es muy débil no produce efecto. También ha de ser constante en su aplicación.

La eficacia del castigo se basa fundamentalmente en la existencia de refuerzos alternativos: de esta manera se evita la frustración y sus consecuencias. Otro riesgo que se corre con el castigo es que la persona se habitúe a él, y en consecuencia, pierda la eficacia.

El condicionamiento de omisión. Consiste en aprender a no hacer una conducta determinada que dispone de un refuerzo positivo. Respondería al esquema: si no haces esto, te daré un premio. En los procesos educativos, el condicionamiento por omisión se da con frecuencia.

Los refuerzos intermitentes. Son unos procedimientos para conseguir que un condicionamiento dure el máximo de tiempo posible. Los estudios han demostrado que es una mala táctica el reforzar siempre una conducta; en cambio da más resultado reforzarla de manera intermitente. Este hecho explica el funcionamiento de los juegos de azar. Las tómbolas del “siempre toca” no tienen tanto interés como los juegos en los cuales no se sabe cuando tocará el premio; el jugador sabe que, de manera intermitente, habrá un premio, un refuerzo.

Un buen juego de azar es el que va reforzando, de manera periódica, la conducta aprendida; si no hubiese nunca refuerzo, o si el refuerzo se diera después de cada jugada, el juego fracasaría.

En el estudio de la conducta hay otros factores que, paralelamente, determinan la conducta humana.  Estos son:

La imitación y la observación. Los hombres aprenden observando la conducta de otros hombres, y posteriormente la imitan; es una afirmación que se puede comprobar continuamente. Además, los niños aprenden a imitar. Los padres no se cansan de hacer “monerías” que los niños rápidamente imitan porque reciben un refuerzo: una sonrisa, una felicitación, etc. Esta imitación posibilita que el niño conozca desde el lenguaje hasta qué personas son buenas y cuáles malas. La imitación de los modelos sociales, que son recompensados, se produce desde la infancia hasta la madurez.

La imitación y las emociones. Una persona está motivada para realizar una cierta conducta, si asocia un estímulo a una situación de placer, que actúa, como ya sabemos, de refuerzo. El placer y el dolor son emociones y las emociones, de hecho, no son conductas sino actos reflejos. Pero en la conducta del hombre, las emociones tienen un papel primordial.

Biológicamente, las emociones son respuestas primarias del organismo, que sirven para adaptarse ante un cambio brusco del medio. El miedo o la cólera provocan una serie de respuestas automáticas, las cuales “preparan” al cuerpo para la nueva situación.

El lenguaje. Se ha estudiado en profundidad cómo una palabra, un tono de voz, un sentido irónico de una frase, modifican nuestra conducta; nuestras actitudes, nuestros prejuicios, nuestros valores van ligados a las palabras.

Desde que el hombre dispone de lenguaje escrito, las palabras han sido el motor de muchísimas conductas. Conducta y lenguaje forman un conjunto indisoluble ligado a la cultura.

El grupo y la sociedad. El grupo social, el club de baloncesto, también determinan la conducta humana.

Una rama de la Psicología, la Psicología Social y la dinámica de grupos han estudiado estas relaciones que hay entre la conducta individual y la grupal.

Es muy cierto que un grupo modifica la conducta de un individuo; esta modificación puede ser de vinculación o de rechazo.

La cultura. Los antropólogos han estudiado de qué modo la cultura determina las conductas de los individuos y de los grupos. Está muy clara la diferencia cultural entre un hindú y un europeo, y hasta entre dos individuos de la misma cultura. Una cultura se concreta en una conducta aprendida, en un resultado de un proceso de aprendizaje. Las diferencias culturales, pues, se concretan en diferentes estímulos, y por lo tanto, en diversas respuestas o conductas.

 

El entrenador y los refuerzos

La aplicación de refuerzos es el mejor método para corregir los errores. Con la utilización de los refuerzos los entrenadores disponen de un apoyo magnífico para mejorar el número y la calidad de las conductas adecuadas, y disminuir las no deseables

El reforzamiento de la conducta se fundamenta en aplicar conclusiones de forma que para el jugador sea patente la calidad de la ejecución realizada. El primer paso es asentar una relación óptima entre el entrenador y los jugadores sobre la base de la aceptación y el reconocimiento de ayuda.

 

Modelos de motivación:

Los refuerzos positivos. Las palabras de aliento o el aplauso son refuerzos positivos. Con ellos el entrenador incita al jugador para que repita la conducta en situaciones posteriores teniendo como base los mismos estímulos.

Los entrenadores también suelen utilizar los reforzadores sociales y materiales.

  • Los reforzadores sociales son manifestaciones de satisfacción: elogio o reconocimiento público del progreso y del esfuerzo por parte del entrenador. Pero, no todos los refuerzos positivos valen para cualquier jugador; el reconocimiento público puede convertirse en embarazoso para algunos jugadores.
  • Los reforzadores materiales son premios perceptibles para el jugador: beber agua, un minuto de descanso, etc.

 

Los refuerzos negativos. Los refuerzos negativos son otro medio para reducir las conductas incorrectas, pero puede tener efectos negativos:

  • Falta de entusiasmo en el entrenamiento
  • Miedo al fracaso.
  • Aparición de conductas no deseadas.
  • Hostilidad, resentimiento.
  • Antipatía hacia el entrenador y sus métodos.

 

Como caso límite, los refuerzos negativos pueden llevar a cohesionar a los miembros del equipo en base a una animadversión generalizada hacia el entrenador.

Los refuerzos negativos pueden ser utilizados de forma no habitual con fines instructivos teniendo en cuenta las desventajas que puede ocasionar su aplicación.

Entrenamientos amenos. Buen ambiente de trabajo conseguido mediante la utilización de ejercicios variados y atractivos para los jugadores.

 

Factores que contribuyen al aprendizaje.

El proceso de aprendizaje se asienta en los siguientes factores:

  • El conocimiento de los jugadores:
    • Aptitud física:
      • El tipo morfológico.
      • La estatura o predicción futura.
      • La edad biológica.
      • Las cualidades físicas básica.
    • Aptitud técnica:
      • La destreza gestual deportiva.
      • El nivel de conocimiento del baloncesto.
      • La capacidad de percibir las situaciones de juego y de anticipación.
      • La capacidad de análisis de las situaciones de juego respecto del espacio, tiempo y ritmo.
      • La capacidad de decidir.
      • La capacidad de ejecutar la respuesta motriz y gestual más conveniente.

 

Además, el estudio de la personalidad de los jugadores y de sus circunstancias personales permitirá conocer:

    • La capacidad de concentración. La concentración depende de los siguientes factores:
    •  La motivación, relacionada con la voluntad y el interés. Son los estímulos que mueven a la persona a realizar determinadas acciones.
    •  La autoconfianza.
    •  La actitud.

 

El jugador adolescente experimenta continuas trasformaciones psicosociológicas, morfo-funcionales y psicomotrices. Durante estas crisis inherentes al desarrollo de los jóvenes el entrenador deberá tener cuidado en la aplicación de determinados ejercicios para pudieran perjudicar dicho desarrollo. El entrenador deberá tener conocimientos de la psicología evolutiva para afrontar con éxito el proceso de aprendizaje.

El establecimiento de los objetivos deberá estar fundamentado en el conocimiento de los jugadores y en el punto de partida. El entrenador debe conocer cómo interactúan los jugadores, los liderazgos y dependencias y el nivel de cohesión como grupo:

    • La voluntad de compromiso con los objetivos del equipo.
    • La aceptación de las normas del club.
    • El equilibrio afectivo con todos los componentes del equipo.
    • La aceptación de la función dentro del equipo.

 

  • El conocimiento de los medios:
    • Las instalaciones: cancha de juego, gimnasio, salas auxiliares, vestuarios, etc.
    • Material de trabajo: número de balones, material de apoyo para la práctica del baloncesto, material de gimnasio, etc.
    • Tiempo de las sesiones:
      • Disponibilidad de la instalación.
      • Programación y objetivos.
  • El establecimiento de los objetivos. Conocimiento claro de los objetivos del entrenamiento. El establecimiento de los objetivos permite:
    • Determinar los objetivos. Planificar el proceso de aprendizaje.
    • Seleccionar los contenidos. Distribuir las tareas y cargas.
    • Determinar la metodología adecuada.
    • Evaluar el proceso.

 

  • La motivación. Es el factor que más condiciona el aprendizaje. Cuando un jugador se encuentra motivado, aumenta su capacidad de asimilación. Una motivación gana en intensidad cuando se ve reforzada. Encontrar el motivo que conduzca al individuo hacia el progreso va muy unido a los métodos de enseñanza. De aquí la importancia del equilibrio entre las correcciones técnicas y los refuerzos positivos y negativos.

La motivación existe cuando el entrenador:

  • Dispone objetivos claros, con la participación activa de los jugadores, metas altas pero posibles de alcanzar.
  • Planifica los entrenamientos de acuerdo con las necesidades de los jugadores.
  • Ayuda a los jugadores a construir la confianza mediante:
    • El conocimiento de sus progresos.
    • Los refuerzos positivos.
  • Une las enseñanzas técnicas con las necesidades de la competición real para que los jugadores valoren el trabajo que desarrollan y descubran su utilidad.

 

El proceso de aprendizaje.

El aprendizaje se asienta en tres apartados básicos:

  • Descubrimiento y adquisición de nuevas habilidades.
  • Perfeccionamiento.
  • Eliminación de ejecuciones incorrectas.    

 

En las etapas tempranas el aprendizaje requiere la mayor parte del tiempo de entrenamiento. A medida que los jóvenes adquieren nuevas habilidades, necesitan de una mayor atención para el perfeccionamiento y para la eliminación de las conductas incorrectas. 

En las primeras etapas formativas, el aprendizaje deberá asentarse en la práctica de las habilidades y en la calidad de las ejecuciones. Más adelante, la mejora de las destrezas estará centrada en las decisiones y en la selección del gesto técnico. Se puede decir que el aprendizaje se sitúa dentro del proceso de adquisición de habilidades técnicas, mientras que el de la decisión y selección se ubica en el campo táctico individual o colectivo.

En estas etapas una preparación generalista proporcionará mejores resultados que la preparación especializada. Con la preparación multifacética los jugadores ponen en acción un mayor dominio de las conductas motrices y una mayor cantidad de movimientos técnicos. Por consiguiente los jugadores están en disposición, en las sucesivas etapas formativas,  de asimilar técnicas y métodos de entrenamiento más complejos, respetando el principio que dice que “los aprendizajes derivan sobre la base de otros ya afianzados”.

Para mejorar determinadas acciones técnicas incorrectas y afrontar con eficacia su entrenamiento el entrenador debe conocer el campo en donde se genera el problema. Veamos dos casos:

  • Un jugador tiene buenos porcentajes de tiro a canasta y lo realiza técnicamente de forma adecuada pero, a la hora jugar los partidos, se inhibe.
  • En el caso opuesto, un jugador que no consigue un buen porcentaje de tiros y el entrenador lo achaca a su mala selección de tiro.

 
En el primer supuesto el problema se asienta dentro del campo de la decisión, dando por sentado que la técnica del tiro a canasta es correcta y no presenta problemas de ejecución.

En el segundo caso, nos encontramos con un jugador que ensaya el tiro a canasta un número elevado de veces con bajo acierto. Aquí el problema no está en la decisión, sino en la selección o en las carencias técnicas que impiden que la ejecución sea la correcta y elevan el porcentaje de errores más allá de la media.

A lo largo de un partido, las decisiones sólo pueden ser tomadas por el jugador que en la mayoría de los casos dispone de muy poco tiempo para adoptar la correcta. Es por esto por lo que deben de ser entrenadas de forma muy específica puesto que la elección incorrecta o el desfase en el tiempo de la misma, precipitación o tardanza, suele llevar a un déficit táctico del equipo. De aquí que la táctica de conjunto se encuentre sólidamente relacionada con la individual.

La decisión, más bien la libertad de elección, depende de la flexibilidad o rigidez del sistema de juego. Una excesiva flexibilidad que deje en manos de cada jugador la interpretación de la situación hará al equipo imprevisible para el contrario, pero también para el resto de los compañeros.

Por el contrario, una gran rigidez táctica hará más previsible al adversario la evolución del equipo pero generará un juego más cohesionado y mayor seguridad en los compañeros.

Se ha de tener en cuenta que para que la adquisición y consolidación de nuevas habilidades se produzca de un modo metódico, han de estar basadas en circunstancias similares en cuanto a ejecución y decisión. Es decir, hasta la asimilación de la nueva habilidad con un mismo estímulo externo, el jugador debe de adoptar una misma solución. Cuando la habilidad esté consolidada, podrá comenzar a emplearla en otras situaciones concretas.

 

El flujo de la información.

La comunicación que se establece entre el entrenador y el jugador se caracteriza, entre otras cosas, por una sensación de admiración y respeto de este último hacia la persona que le está enseñando las herramientas técnicas del juego. El entrenador le está proporcionando una información a la que el jugador es especialmente receptivo.

Según la etapa de formación, hablarle a un niño en su etapa inicial de “tensión defensiva”, de “transiciones” o de “leer un partido”, son conceptos excesivamente genéricos alejados del registro que los niños manejan en razón de su edad. Incluso un concepto tan claro para los adultos como puede ser la “concentración” resulta excesivamente confuso y puede ofrecer resultados no deseados.

La concreción y la claridad en la información que proporcionamos al jugador adolescente cuando lo enfrentamos a nuevas experiencias le ayudarán a adquirir nuevas habilidades de una forma sencilla. Con el mismo fin, la capacidad de persuasión del entrenador le allanará el camino. Raramente podrá ser capaz de asimilar una nueva técnica si cree que no puede hacerlo. En este caso se produce un diálogo interno, basado en hechos y razones, que rechaza la posibilidad de obtener éxito en la empresa que se le plantea. Mediante el diálogo y la observación el entrenador podrá analizar la situación de rechazo en la que el joven se esconde sustituyendo los argumentos negativos por otros con mayor carga de motivación.

 

Las sensaciones

El aprendizaje de las destrezas motrices en una sesión de entrenamiento requiere que el joven ponga en marcha su pensamiento en la dirección adecuada, que realice movimientos coordinados.

En principio el jugador se fija en la ejecución de una determinada habilidad o escucha una explicación sobre cómo se realiza la misma y a continuación intenta ejecutarla reconstruyendo la secuencia de movimientos observada o visualizada mentalmente. Como se puede deducir, para una correcta evolución del aprendizaje las habilidades se sucederán de las más sencillas a las más complejas.

Durante y después de la ejecución, el joven percibe sensaciones cualitativas sobre la habilidad realizada. Para ello se hace necesario que el jugador reciba informaciones por parte del entrenador que deberá recurrir a las correcciones técnicas y a los refuerzos.

Ahora entra en juego la capacidad de análisis del entrenador que le explicará al jugador lo que debe de corregir antes de la siguiente tentativa. El joven intentará entender la relación que se ha producido entre sus movimientos y el resultado final, ensayando mentalmente la habilidad, haciendo uso de la experiencia anterior, de los consejos del entrenador e incluso de la observación de sus compañeros para el ensayo siguiente.

A medida que aumenta el número de ensayos el número de sensaciones se multiplican y se concretan. El jugador comienza a ser capaz de disociar por sí mismo las partes de las que se compone la habilidad y es capaz de aplicar los ajustes necesarios sobre la base del repaso mental y la información recibida.

 

Objetivos técnicos

Con los más pequeños los entrenamientos deben de ser divertidos. Divertidos pero con un objetivo. Sin él, todo lo que se haga en la cancha de juego será una pérdida de tiempo. En esta fase del desarrollo humano, el niño aún no conoce bien su cuerpo por lo que no se le debe obligar al perfeccionamiento técnico. 

 En esta etapa los niños tienen una gran facilidad para el aprendizaje de movimientos disociados y la precisión de movimientos puede alcanzar un alto grado de perfección teniendo presente no conferirle potencia, ya que en tal caso se pierde la perfección de gestos y movimientos. De cualquier modo conviene no olvidar que, pedagógicamente, los niños no se especialicen. Al contrario, una especialización temprana conduciría a una limitación de las condiciones de desarrollo.

Durante el proceso del entrenamiento todo tiene su momento. Los objetivos de trabajo pasan de una formación multilateral general en la segunda etapa escolar a una genérico-específica en la primera etapa puberal. Es cuestión de que se produzca la especialización en el momento justo con el fin de aprovechar al máximo la capacidad de adaptación del individuo.

En las primeras etapas el interés se centrará en la enseñanza de la habilidad para, en un futuro inmediato, cuando se domine aceptablemente la nueva técnica, encauzar el interés en la oportunidad y la decisión de la ejecución. De nada vale ser poseedor de una técnica exquisita si no existe una relación entre la misma y el momento de ejecución.

 

Objetivos condicionales

El entrenamiento con niños, a diferencia del que se realiza con los adultos, no se caracteriza por una sucesión alterna de cargas de diferente intensidad sino por el entrenamiento del conjunto de los gestos deportivos. El concepto de incremento del rendimiento debido al aumento del volumen global del entrenamiento no es aplicable. Se ha de buscar el aumento de las cargas mediante el incremento cualitativo de las mismas.

Si los gestos objeto de los entrenamientos guardan una relación de proporcionalidad con las capacidades de cada niño y además son propuestos de forma y manera que capten su atención, les resulten amenos y les produzcan sensaciones placenteras, estaremos en el camino correcto para la consecución de los objetivos propuestos.

Los métodos utilizados tradicionalmente para la enseñanza y práctica del deporte se han basado en la adquisición de las habilidades mediante la demostración y la repetición que conducen a métodos escasos de motivación, más parecidos a los entrenamientos de adultos, con estructura muy jerarquizada,  alejados de los intereses del niño. Este tipo de método pasa por alto el adecuado desarrollo psicomotor del niño encaminándolo hacia una especialización temprana.
 
Muy a menudo se introduce al niño en el deporte competitivo en lugar de hacerlo en el deporte educativo. No se debe olvidar que fundamentalmente en estas edades el entrenador es ante todo un educador.  No se puede caer en la idea de que el deporte, por el mero hecho de serlo, es por sí siempre beneficioso.

Con la especialización precoz y la adquisición de conductas automáticas en edades tempranas el joven podrá encontrarse en dificultades tanto para la adquisición de movimientos nuevos como para la eliminación de conductas incorrectas.

En las etapas iniciales debe prevalecer el entrenamiento técnico y la adaptación al espacio y al tiempo de las acciones motrices. El aprendizaje también se ve facilitado por la resistencia a la fatiga, el gusto por la realización de actividades dinámicas y una creciente capacidad de atención. Los ejercicios más apropiados para estas etapas serán aquellos que vayan encaminados a potenciar el desarrollo psicomotor del joven. 

Todos estos condicionantes obligan a desarrollar un sistema de entrenamiento caracterizado por un aumento progresivo y racional del tiempo y del volumen de trabajo.

 

Objetivos psicológicos.

A medida que se van quemando las etapas, el joven muestra una mayor disposición hacia el aprendizaje de técnicas nuevas. Desde los once años son adecuados los aprendizajes razonados con ejercicios ricos en sensaciones perceptivas y todo tipo de coordinaciones motrices.

Aunque en esta segunda etapa de la formación base se debe de seguir realizando ejercicios de forma globalizada, se empieza a dar cabida a los ejercicios analíticos prevaleciendo los relacionados con los aprendizajes técnicos del baloncesto.

Las tácticas deportivas no empiezan a ser asimiladas correctamente hasta esta etapa; por ello las estrategias tendrán que caracterizarse por una paulatina evolución.

La aparición de juegos aporta, colateralmente, la noción de normas. Esta característica permitirá empezar a dar a conocer las principales reglas del baloncesto.    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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