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RESPUESTA A LA CONSULTA

¿Cómo se deben ser las relaciones del entrenador con los que le rodean?

En las etapas de la formación base, sobre todo en las de iniciación, la comunicación se establece en tres niveles:

  • Con cada jugador.
  • Con el equipo.
  • Con los padres.

El entrenador y el jugador.

La interacción con cada jugador debe estar basada en comprender su actuación más que en juzgarle fríamente. Es importante que el entrenador trate de analizar cómo se relaciona con cada jugador; no siempre es consciente de su propia actuación pues hay una tendencia a dirigir mayor número de refuerzos a los más capaces que a los otros, con lo cual algunos no aprenden porque no se les refuerza para ello.

Por otra parte la relación que establecen los jugadores con el entrenador varía de los varones a las niñas. Las niñas actúan con mayor dependencia del entrenador y establecen con él una relación más afectiva, por eso es más difícil que aparezca un líder entre ellas; en cambio los niños son más independientes del entrenador y su relación con él tiende a ser más pragmática.

El entrenador y el equipo.

El comportamiento de un grupo no es la suma de los comportamientos de los individuos que lo forman, sino que hay un comportamiento de grupo que afecta también a los individuos.

Un equipo de baloncesto es un grupo pequeño en el que sus componentes se ven afectados entre sí estableciéndose una dinámica que el entrenador debe conocer. Así hay jugadores que activan al grupo, otros que le dan serenidad, otros que concitan las iras de sus compañeros y son elementos perturbadores; algunos se comportan como rivales dentro del mismo equipo, otros son más solidarios, etc. Entre ellos aparece también espontáneamente una cierta jerarquía que lleva a algunos al liderazgo.

Todo ello pone de relieve que el éxito de un equipo no viene dado por la suma de los valores y cualidades individuales sino por su integración, es lo que se llama “cohesión de grupo” (véase "Utilidades": Dinámica y Cohesión de Grupo) El entrenador deberá fomentar el desarrollo progresivo de este aspecto que no siempre aparece presente sobre todo en los jugadores más jóvenes cuya fidelidad al equipo es muy débil.

Es muy útil que el entrenador participe lo más posible de la vida del grupo porque además de ser una fuente importante de información hará que sea visto por los jugadores como una ayuda y no sólo como un juez. Así, la función directiva del entrenador se compensa con esta función participativa, que ayudará a desarrollar en los jugadores jóvenes una mayor cohesión y compromiso.

Hay que tener en cuenta:

  • Ser imparcial y no demostrar favoritismos con nadie.
  • Todos los jugadores deben sentir que son parte del equipo y que son importantes: que se crean útiles al equipo. No emplear la palabra “reserva”.
  • Los jugadores tienen que sentir que el entrenador se interesa por sus problemas.
  • No hacer críticas en público.
  • Conseguir que los defensores o directores de juego reciban la gratitud de sus compañeros.
  • Evitar que existan divergencias entre los jugadores.
  • No permitir las críticas entre los jugadores.
  • Convencer a los jugadores en la segunda etapa de formación de la importancia de la preparación física.
  • Respetar y estudiar las individualidades de cada jugador.
  • Controlar los estudios de los jugadores y estar abierto a colaborar con los padres en esta faceta tan importante.

Los jugadores deben de conocer y tener muy claras una serie de normas de obligado cumplimiento:

  • Responsabilidad, cumpliendo el compromiso de asistir a todos los entrenamientos y partidos.
  • Puntualidad, en los entrenamientos y en los partidos.
  • Uniformidad en la ropa deportiva en los entrenamientos y los partidos.
  • Respeto. Con el entrenador y con ellos mismos.

Espíritu de equipo

La moral de equipo es el sentimiento de confianza y mutua compresión que debe existir entre los componentes de un equipo, a pesar de resultados adversos.

Se quiebra con facilidad y es muy difícil recuperarla, siendo ella una de las causas del rendimiento del equipo.

A mantener la moral contribuye el espíritu de equipo, que consiste en el sacrificio de la vanidad personal en provecho del conjunto. Es decir, la integración de todos los jugadores dentro del conjunto en beneficio de todos, la cooperación implicando la voluntad para poner el equipo sobre el “yo”.

El entrenador y los padres

En las primeras etapas de formación es necesaria la colaboración de los padres. El Entrenador tiene que conseguir la cohesión del grupo y para ello es muy importante la cooperación de los padres, apoyando la labor del entrenador sin inmiscuirse en sus funciones técnicas. Los objetivos marcados serán imposibles de conseguir si los mensajes que reciben los niños y adolescentes por parte de sus padres son distintos que los que transmite el entrenador.