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RESPUESTA A LA CONSULTA

¿Cuál es el sistema de enseñanza para la corrección técnica?

En una destreza motriz hay que tener en cuenta dos cosas: el conocimiento de la propia ejecución (imagen del movimiento: por ejemplo, la posición de lanzamiento y el lanzamiento) y el resultado obtenido en esa ejecución (el resultado del lanzamiento: llegó al objetivo o no). Está claro que lo segundo es mucho más evidente que lo primero, pero no tendremos medio de mejorar el resultado final si el jugador no conoce su propia ejecución. En una primera etapa esto se consigue con la ayuda del entrenador; a medida que el nivel de destreza mejora, también aumenta la capacidad del jugador para autoevaluarse.

Es muy poco probable que un individuo mejore si no conoce los resultados. El conocimiento de los resultados sirve de guía para los nuevos ensayos y permite al jugador seleccionar lo que es válido.

En el aprendizaje el entrenador debe dar una información correcta en forma, fondo y momento.

¿Cuándo se debe dar al jugador  información sobre los resultados? Las correcciones se deberán hacer en los siguientes momentos:

  • Mientras se realiza la acción para que el jugador la modifique sin romper la dinámica del ejercicio.
  • Al final de una ejecución sin que el resto de los jugadores paren en su trabajo, a no ser que la corrección sirva para la comprensión y mejora general. Evidentemente ya no podrá modificar el gesto, y sólo valdrá para las acciones futuras.
  • Después de una sesión de entrenamiento, o después de un partido realizando un análisis sobre lo realizado, en cuyo caso lo que se hace es un análisis de lo que se ha hecho y por lo tanto se extraen consecuencias de la propia experiencia

Las correcciones pueden ser verbales y por gestos. Las verbales tienen una incidencia mayor. Las realizadas por gestos son muy rápidas cuando el mensaje es conocido.

Cada una de estas actuaciones por parte del entrenador tiene unos efectos y deben emplearse adecuadamente, por ejemplo las modificaciones mientras se realiza la acción sólo son eficaces cuando esa acción a ejecutar tiene una cierta duración; pero tampoco pueden ser demasiado frecuentes porque pueden distraer al jugador y en algunos casos, incluso, en jugadores jóvenes y/o tímidos o poco seguros, puede significar un bloqueo en la actividad.

Por otra parte, cualquier tipo de información proporcionada por el entrenador surte efectos diferentes según la tonalidad afectiva con que se haga, convirtiéndose en un reforzador importante de la conducta del jugador. Por ejemplo, si se hace para dar ánimo (refuerzo positivo) o para reprobar (refuerzo negativo).

Un buen método para aumentar la autoconfianza del jugador es la toma en vídeo y posterior análisis de lo realizado. Con jugadores jóvenes es útil también el uso de hojas de registro personal donde se anotan los progresos individuales y los errores que se han cometido y por qué. Naturalmente la eficacia del conocimiento de los resultados está en razón directa con la inmediatez de la ejecución. Cuando se tarda mucho en comunicarlo tiende a perder valor. En general, el conocimiento completo y continuo de los resultados estimula más el aprendizaje que cuando es discontinuo e incompleto.

No obstante, hay diferencias individuales. Así, cuando el resultado es positivo, el hecho de comunicarlo al jugador produce más efecto en el jugador más torpe que en el más capaz. Los jugadores más capaces asimilan mejor los resultados negativos que los menos capaces.

Lo mismo sucede con los refuerzos positivos y los negativos. Las alabanzas tienen mayor eficacia en los individuos menos capaces, inseguros, tímidos, etc.; en cambio las censuras podrían ser en estos jugadores un elemento de disuasión para seguir, por lo que deben utilizarse en menor medida que en los más capaces.

La eficacia de las acciones del entrenador está en relación a la etapa del aprendizaje en que se utilicen estos refuerzos. Así en las primeras etapas del aprendizaje son más útiles las alabanzas; a medida que el aprendizaje progresa se soporta mejor la censura.

El aprendizaje de una conducta motriz no es suficiente sino que es necesario que éste se mantenga. Es muy importante repetir el ciclo de enseñanza hasta su mecanización. "Sólo se aprende aquello que se siente, no lo que se conoce".

Normalmente una conducta se repite cuando ha tenido éxito y le siguen unas consecuencias agradables; en cambio dejamos de practicarla cuando las consecuencias son desagradables.

El entrenador puede controlar este proceso premiando las conductas del jugador que sean correctas y penalizando las incorrectas. A esto se le llama un sistema de refuerzo. Generalmente se admite que los refuerzos positivos (premios) son más eficaces que los refuerzos negativos.

Los refuerzos que más puede utilizar el entrenador son los afectivos que están relacionados con la aprobación y la necesidad de estima del joven, como las alabanzas y las censuras que se suelen expresar acompañando al conocimiento de los resultados, en términos de “está bien”, o “está mal”.

Al comienzo de un aprendizaje es importante reforzar todas las respuestas correctas, pero a medida que se avanza en el aprendizaje el refuerzo debe ser intermitente ya que si no le llevaría a la “saciedad” y por lo tanto a la ineficacia del refuerzo.

Conviene no confundir los refuerzos con las correcciones técnicas, las cuales deben tener prioridad en los entrenamientos, aunque aquellas son también muy importantes.

Las correcciones técnicas y los refuerzos son armas que el entrenador debe utilizar con mesura.  Las intervenciones del entrenador deben estar sopesadas en cuanto al número de intervenciones, el tiempo y el objetivo de éstas. Como dato podemos decir que un entrenador durante una hora debe intervenir unas 120 veces, de las cuales unas 80 intervenciones serán correcciones puras, esto es técnicas, 30 refuerzos positivos, y 10 refuerzos negativos.

El tiempo de cada intervención no deberá superar los 10 segundos, para no parar la dinámica de ejecución. Las explicaciones del entrenador que requieran más de un minuto, deben hacerse al comienzo o al final de los entrenamientos.

No conviene identificar los refuerzos positivos como premios y los refuerzos negativos como castigos. A veces una conducta no deseada no se elimina con un castigo probablemente porque al jugador hay algo que le refuerza esa conducta incorrecta y esto no desaparece hasta que se elimina el elemento reforzador que la provoca. Por ejemplo, un jugador tiene tendencia a cometer faltas en el entrenamiento; a veces con la simple censura no lo corregimos porque quizá lo que busca el jugador es que nos fijemos en él y cuantas más veces lo hagamos más va a persistir en ellas. Es decir, lo que para nosotros es una reprobación o refuerzo negativo, para él es un premio o refuerzo positivo.

Evidentemente la conducta incorrecta puede tener otros orígenes y entonces la estrategia del entrenador debe cambiar. Puede deberse a un hábito mal adquirido, y entonces lo que procede es que “desaparezca”. A veces son de una gran terquedad, y tendremos que dirigir la atención hacia otra cosa, por ejemplo ejecutar una conducta que sea incompatible con aquella, por lo que ésta, por falta de ocasión para ponerla en práctica, se irá extinguiendo poco a poco.

El entrenador debe saber que el aprendizaje no es una línea recta, ni siquiera una escalera siempre ascendente, sino que es una línea curva donde a veces hay "mesetas" de aprendizaje que no son sino una fase más en la asimilación de lo aprendido.

El entrenador debe saber que para conseguir un objetivo se necesita una motivación intrínseca (del propio jugador), y extrínseca (del entorno), y que la motivación tiene una dirección y una fuerza en cuanto a intensidad y tiempo.
 
El entrenador puede y debe influir en la motivación extrínseca del jugador, dando los refuerzos tanto positivos como negativos y las correcciones que necesite el jugador, para que éste sepa en todo momento dónde se encuentra en la consecución de sus objetivos.

La evaluación constante y correcta es, en sí, la mejor forma de motivar que tiene el entrenador. De ahí su importancia